SELGASCANO: “TRABAJAMOS DESDE EL CAOS”

jueves, 12 noviembre 2015

JOSÉ SELGAS Y LUCÍA CANO ESTÁN DETRÁS DE UNO DE LOS MEJORES ESTUDIOS DE ARQUITECTURA DE ESPAÑA, POR ESO TUVIERON EL HONOR Y EL DESAFÍO DE LEVANTAR EL PABELLÓN 2015 DE LA SERPENTINE GALLERY EN LONDRES. “CASAS” TUVO LA OPORTUNIDAD DE CONVERSAR CON ELLOS DE TEMAS TAN DISÍMILES Y TAN UNIDOS A LA VEZ COMO ARQUITECTURA, EXPERIMENTACIÓN E INGENUIDAD.

Desde Madrid, María José Mora D. / Fotos: Gentileza Selgascano.

Desde hace meses nuestro equipo buscaba la posibilidad de entrevistar a esta pareja de arquitectos españoles que –con una colorida propuesta plástica– recibió el aplauso internacional con el pabellón diseñado para la Serpentine Gallery, un evento que cada año convoca a arquitectos que nunca han construido en territorio inglés y que en versiones anteriores ha invitado a nombres de la talla de Jean Nouvel, Álvaro Siza y Eduardo Souto de Moura o Peter Zumthor.

José Selgas y Lucía Cano nos recibieron en su ya famosa y reconocida casa, ubicada a las afueras del centro de Madrid. Aquí, en medio de un bosque se encuentra por un lado el estudio, una estructura transparente semi hundida en la tierra y, algo más lejos, su casa, también con la transparencia y el color como temas principales. Estos elementos son parte de su sello, el que aparece en varias de sus obras, como el auditorio de la ciudad de Cartagena o la fábrica del Movimiento Juvenil de Mérida, ambas en España.

Actualmente, estos arquitectos están trabajando en proyectos que siguen su línea y se adentran en la experimentación con materiales y la fusión con la naturaleza. Uno de los proyectos que más llama la atención es la “Casa Antonio”, un prototipo que será exhibido en la Bienal de Chicago y en Art Basel de Miami y que usa piezas de invernadero para crear una casa que funciona a través de módulos, los que se pueden ir adosando según las necesidades de cada cliente. Lo mejor es que estos se abren como los pétalos de una flor, por lo que se podría decir que “Casa Antonio” tiene paredes que se elevan, lo que la convierte, literalmente, en una open house.

–¿Qué significa para ustedes la arquitectura?

José Selgas: –La verdad es que es algo que nunca nos hemos planteado. Creo que la arquitectura es algo sencillo que se adapta a la vida corriente de todos los seres humanos, es algo del día a día. Está hecha y pensada, por lo menos en nuestro caso, para el disfrute diario, no tiene mayor historia.

–¿Cómo partieron en esta profesión?

JS: –Lucía es hija de Julio Cano Lasso, uno de los arquitectos más importantes y reconocidos de su época, por lo que a ella le viene por un tema familiar. En mi caso, es diferente. No recuerdo un momento específico que me haya marcado, pero de pequeño viví en San Sebastián, que tiene un paisaje bastante húmedo y verde, y eso hizo que relacionara mucho la arquitectura con la naturaleza y el paisaje. No entendería una cosa sin la otra. Cuando tienes 18 años nada es tan claro, creo que lo ves más claro cuando tienes 5 años, es por esto que los recuerdos más vívidos que me vienen de la arquitectura me llegan de esa época.

–En sus proyectos sorprende el uso del color y las transparencias, sellos que los diferencian.

Lucía Cano: –Cada proyecto tiene su afán y visión, pero muchas veces llegas a un camino parecido, pero lo que queremos crear son sensaciones. Quizás sí tenemos una arquitectura bastante personal, pero no nos planteamos nada de antemano, finalmente sale de esa manera. Sí creemos que lo que tiene que hacer la arquitectura es crear espacios donde viva la gente, los protagonistas son las personas que habitarán o usarán el lugar y, al final, todo lo que hacemos va en pos de crear grandes atmósferas y ambientes. Queremos que la gente disfrute de los espacios que construimos, esa es nuestra misión.

JS: –Yo creo que también sale así porque proyectamos todos los encargos de manera muy abierta. No tenemos ninguna tendencia ni filosofía. Nuestra forma de trabajar es permeable a todo, a cualquier material, color, recurso arquitectónico, forma, etcétera. Cualquier color nos vale, porque no nos interesa el color, cualquier forma nos vale, porque la forma no nos importa y cualquier material nos vale, porque el material no nos interesa. Es verdad, no tenemos ninguna predilección y es esa estupidez o apertura, cómo quieras llamarlo, lo que nos permite la libertad de usar todo.

–¿Qué importancia le dan al entorno al momento de realizar un proyecto?

JS: –La máxima, ya que usas el entorno para crear ambientes. Este tiene una historia. Siempre me pregunto qué habrá habido antes en ese lugar. Si es un espacio urbano, por ejemplo, cuál es la historia detrás, qué significa ese lugar para la comunidad, quiénes van a ser los usuarios del espacio que se va a construir, etcétera. Lo que menos nos interesa es imponernos ante el entorno; tratamos de respetarlo el máximo posible.

–¿Cómo es el proceso creativo dentro del estudio?

JS: –Hay un diálogo continuo entre las distintas partes involucradas. Hace algunos años nos dimos cuenta de que lo que nos funciona muy bien es trabajar bajo una especie de caos continuo. Que no haya ninguna regla, porque todos pueden tocar un proyecto, cualquier idea nueva es una riqueza y cualquier restricción también la vemos como un plus. Por ejemplo, actualmente estamos trabajando en un proyecto en Los Ángeles, habíamos avanzado bastante, cuando los mandantes nos dijeron que todo el edificio tenía que ser accesible para minusválidos. No nos quedó otra opción que adaptarnos a esa nueva regla, lo que hizo que el proyecto se enriqueciera. Vemos que cualquier desafío o corte de presupuesto puede ser un plus. No necesitas grandes materiales ni nada muy espectacular para crear un gran proyecto. Pienso que todas las restricciones también corresponden al entorno, porque son parte de la historia de cada sociedad.

LC: –A pesar de esta libertad creativa, tenemos muy claro lo que queremos lograr, si no sería un caos sin sentido.

–¿Cuál fue su primer proyecto en conjunto y que recuerdos les trae?

JS: –El palacio del Congreso de Badajoz, al que llegamos por un concurso nacional. Fue algo grande y éramos novatos en esto, aunque teníamos experiencia trabajando. Era un proyecto de bajo presupuesto, que nos hizo innovar y que significó romper con muchos clichés y supuestas bases inamovibles de la arquitectura. Pero a nosotros siempre nos ha parecido que la arquitectura es algo que va mucho más allá, que es mucho más libre, masticable y dominable. Entonces, en ese aspecto nos sirvió mucho, aprendimos muchísimo y descubrimos que nada de lo que nos habían enseñado en la facultad tenía mucha importancia… Ese proyecto nos abrió las puertas a muchos otros y entendimos que teníamos que estar al cien por ciento desde el principio hasta el final si queríamos que saliera bien. Al tener un presupuesto acotado descubrimos que cualquier pieza y cualquier material puede ser usado en la arquitectura, mientras tenga cierta durabilidad y garantía. Esa falta de medios económicos nos abrió los ojos a buscar y probar todas las posibilidades.

–El ser jóvenes con su primer proyecto puede haberlos ayudado aún más a tener una visión distinta.

JS: –Si éramos jóvenes e ingenuos, la ingenuidad es una cualidad que intentamos mantener en la actualidad. Hay momentos en que ser “naive” puede ser un poco despectivo, pero a nosotros nos parece una maravilla. Llegar con los ojos nuevos frente a algo es perfecto, ya que tienes la posibilidad de ver todas posibilidades sin cerrarte a ninguna.

–¿Cómo fue el proceso para hacer la Serpentine Gallery 2015?

JS: –Es una de las situaciones más estresantes que nos ha tocado vivir como estudio. Te dan cinco meses para que esté lista la estructura, por lo que el proceso es intenso, pero creo que ahí reside la riqueza de hacer la Serpentine. Ellos pasan a ser tus primeros clientes y tienes que trabajar con un presupuesto muy acotado.

LC: –A priori se ve como un proyecto muy simple, pero no es tan así, porque tienes un sitio dado, una historia y un programa muy claro. Además, no puede parecerse en nada a algún proyecto anterior. De hecho, una de las primeras maquetas que hicimos, nos la rechazaron de inmediato, porque se parecía, según nos dijeron, al proyecto de Zaha Hadid, cosa que nosotros no logramos ver en ese momento. Fue toda una aventura participar en ese proyecto. Pero lo que nos dio mucho miedo fue el impacto que tendría. Nosotros cultivamos un low profile. No nos interesa transformarnos en una oficina enorme, aparecer en revistas ni nada de eso. Queremos enfocarnos en proyectos que nos interesen, que vayan a nuestro ritmo y los podamos disfrutar. Pero aparecer haciendo el pabellón de la Serpentine te da una visibilidad brutal, lo que nos agobió. A nosotros nos gusta estar aquí. Cuando nos preguntan cómo nos vemos en algunos años, siempre decimos que queremos seguir teniendo un estudio pequeñito donde podamos controlar todo, lo tenemos muy claro.

–¿Creen que la crisis económica ha afectado el escenario arquitectónico español?

JS: –Creo que está más fresca que nunca. Hay una crisis económica, pero no una crisis de ideas. Pienso que la crisis económica ayuda positivamente a buscar nuevas soluciones y caminos en todos los campos.

LC: –La verdad es que está todo muy parado, no es que la gente no esté buscando o pensando soluciones, pero es un momento muy complicado.

–¿Qué consejo le darían a un joven que quiere ser arquitecto?

JS: –La pasión y el disfrute son fundamentales. Y también la experimentación, sin ellas estás muerto. El ser humano siempre está experimentando y buscando nuevas posibilidades frente a todo. Yo creo que ese es un problema de la arquitectura actual, porque muchas veces está muerta, todo está muy tabulado, estructurado y hay un miedo horrible frente a la experimentación y al fallo. Las grandes soluciones se han conseguido después de numerosos errores.

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