Smiljan Radic: Por una ciudad más sensata

viernes, 20 abril 2018

PROYECTADO EN 2009, EL CENTRO CÍVICO BOCA SUR, UBICADO EN SAN PEDRO DE LA PAZ, CONCEPCIÓN, FUE FINALMENTE INAUGURADO EN DICIEMBRE PASADO. TRAS UN TRABAJO QUE INCLUYÓ ACTIVAMENTE A LA COMUNIDAD, EL NUEVO HITO URBANO REÚNE EN EL MISMO ESPACIO A LA CUARTA COMPAÑÍA DE BOMBEROS DE SAN PEDRO DE LA PAZ, SALAS DE USO MÚLTIPLE SERVICIOS MUNICIPALES BÁSICOS, UNA MULTICANCHA, ARENALES DE JUEGO Y UN SECTOR PARA EMPLAZAR UNA FERIA DE HORTALIZAS Y PASARELAS.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Cristóbal Palma

Acaba de inaugurar en Zurich junto a Hans Ulrich Obrist y Patricio Mardones “Cloud ’68-Paper Voice”, una exposición que rinde homenaje a la arquitectura y al pensamiento de los movimientos europeos radicales que florecieron entre los años 1950 y 1970. Asimismo, se encuentra proyectando la rehabilitación de un edificio en el centro de Londres, una capilla detrás de la iglesia de San Giorgio Maggiore en Venecia y una casa en Lima, entre otros encargos. En Chile, en tanto, dos obras públicas firmadas por Radic vieron la luz en 2017: el celebrado Teatro Regional del Biobío y el Centro Cívico Boca Sur, ubicado en San Pedro de la Paz, Concepción. Este se gestó en el marco del programa de recuperación de barrios “Quiero Mi Barrio”, en 2009, iniciativa que buscaba revitalizar territorios deteriorados y de gran vulnerabilidad. Una obra pública de alto impacto social en la que el arquitecto, autor, entre otras, de la ampliación y remodelación del Museo Chileno de Arte Precolombino, la sala de artes escénicas Nave, la Bodega Viña VIK, el Restaurante Mestizo y El Pabellón Serpentine Gallery 2014, trabajó conjuntamente con la comunidad. El punto de partida “fue un programa determinado por la comunidad y una preforma también pensada por ellos. Lo más importante para nosotros era rodear de buena manera el espacio público con los edificios y sus actividades, para que este fuera realmente útil e imprescindible para el total del proyecto. Con esto queríamos evitar que el espacio comunitario nunca se construyera como ocurrió en el Barrio Cívico de Concepción, que fue arruinado para siempre, ocupado por ferias temporales (con cara de permanentes) y estacionamientos para los funcionarios”, explica el arquitecto y agrega que el mayor desafío, en el caso de este proyecto en particular, tuvo que ver con “su demora y a veces su olvido, postergado siempre tras nuevas emergencias”. Respecto al trabajo con la comunidad, Radic cuenta que presentaron el proyecto en el salón comunitario municipal cuando ganaron el concurso público ante unas doscientas personas y después otras dos veces en reuniones abiertas en las pequeñas plazas de Boca Sur. Asimismo, se contempló la elaboración de un gran grafiti que fue jurado en un concurso abierto donde se presentaron seis propuestas de grafiteros y muralistas locales.

–¿Se compromete más la comunidad cuando se realizan obras que los benefician directamente? ¿Crees que la arquitectura pueda generar una complicidad y, por ende, lograr objetivos que van más allá del uso de la obra?

–En el caso de ese sector hay mucho estigma… La arquitectura no puede hacer cosas que el Estado no quiere hacer. La arquitectura debe intentar generar buenos lugares, lugares apropiados, si hace eso es más que suficiente. El resto de lo que pasa en un espacio público tiene que ver con un triste sistema de relaciones sociales que permiten una alienación galopante, la cual está presente en todos los sectores sociales, aunque se crea que es un factor exclusivo de las comunidades más pobres.

–El centro cívico estuvo en construcción de manera a paralela al Teatro Regional de Biobío, una obra de gran envergadura cultural que ha tenido mucha cobertura. ¿Qué destacarías de lo realizado en Boca Sur?

–Me gustaría que fuera visitado, es una manera de hacer ciudad bastante sensata, la cual hasta el momento ha resultado exitosa en un entorno que se había previsto hostil y que, por el contrario, ha resultado muy amable.

–Has dicho que sueles tener “clientes raros”, ¿cómo es tener de cliente al Estado? ¿Ves avances en la arquitectura pública que se está realizando en el país?

–El Estado debe promover las nuevas generaciones de arquitectos (entre los cuales ya no me incluyo) y empujarlos a generar imaginarios públicos alejados de las recetas efectistas en las cuales han caído nuestras construcciones. La arquitectura nacional se promueve no mediante publicidad de sus autores, sino mediante nuevas construcciones que permitan un grado mayor de experimentación. El problema es que el Estado no ha entendido la arquitectura políticamente y, a su vez, los arquitectos no asumimos los riesgos necesarios para que ello ocurra. Perder no es fácil.

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