The Vines Resort&Spa: Sorprendente

Lunes, 16 Junio 2014

En pleno Valle de Uco, a una hora y media de Mendoza, se encuentra este hotel de lujo, proyectado por el prestigioso estudio Bórmida & Yanzón. El lugar destaca por una arquitectura armoniosa que no lucha contra el paisaje, sino que emerge y se funde con él.

Por : María José Mora D. / Fotos: Cortesía The Vines Resort&Spa.
Bodega

En el corazón de un viñedo de 600 hectáreas se encuentra este oasis llamado The Vines, el que se inauguró a principios de año y ya es todo un éxito, tanto por su servicio de primera, como por su cuidada arquitectura, diseño y paisajismo. Detrás del proyecto arquitectónico está el estudio que hace más de 30 años fundó Eliana Bórmida junto a su marido Mario Yanzón. Ambos lograron que, gracias a su filosofía –la que respeta el paisaje y la tradición de cada lugar–, el estudio se encumbrara como el mejor de Mendoza y uno de los mejores de todo Argentina. Fue por esta razón que lo socios de The Vines no dudaron en acudir a ellos para lograr un hotel de excelencia. “Michael Evans junto a Pablo Giménez Riili, fundadores del proyecto, ya habían trabajado con este estudio, por lo que conocían su estilo, profesionalismo y estética”, cuenta Carlos González Olsina, Project Manager de The Vines de Mendoza.
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El edificio principal destaca por ser un volumen de gran tamaño, pero baja altura, lo que genera que éste no tape la cordillera, logrando enmarcarse en ella. Esta estructura alberga a la recepción, el bar, la cava de vinos y el restaurante “Siete fuegos”, el que posee una cocina interior y otra exterior en la que se encuentran los siete fuegos, que no son más que diferentes formas de cocciones en base a leña o carbón. Aquí el chef Francis Mallman fue una pieza clave en la proyección, ya que es quien sabe qué se necesita para crear platos formidables.
Piscina

Para no cortar las vistas ni impactar demasiado el paisaje, los arquitectos decidieron que el hotel tuviera villas de baja altura disgregadas en el terreno. Por esto, desde el edificio principal se abre una hilera de alrededor de 10 villas que cuentan con decks que enfrentan a la cordillera y a una pequeña laguna. La idea es que el complejo se desarrolle de manera lineal y abierta, como una especie de abanico invertido. Un poco más atrás de la primera línea de villas, se encuentra una segunda hilera. En ésta predominan preciosas terrazas que miran a espejos de agua y flora nativa, lo que produce un efecto de continuidad a tal grado, que uno olvida que está en un hotel y por momentos cree que está en su propia casa de veraneo. “Cuando empezamos con The Vines, tomamos en cuenta el tema del sol y de la cordillera, que es la protagonista del lugar. Además, como el hotel es una construcción bastante densa, quisimos que éste se fundiera con el paisaje, que se ‘escondiera’”, cuenta Luisa Yanzón, arquitecta y encargada del interiorismo del hotel. Por otra parte, Alejandro Grinberg, arquitecto y jefe de proyecto añade: “Nuestra arquitectura emerge del paisaje, por eso trabajamos codo a codo con el paisajista, que en este caso fue Eduardo Vera, ya que la idea era lograr que el paisaje se uniera armoniosamente con la propuesta arquitectónica, por esto respetamos las pendientes y la flora nativa del lugar”. Todo esto da como resultado un lugar armónico y que vibra junto al paisaje, logrando un hotel espectacular, pero a la vez discreto.

Deck-Villa
MATERIALES NOBLES Y ARTESANALES

Texturas y colores de Los Andes fue la premisa que se usó para darle vida a los interiores de The Vines. “La idea fue tomar los materiales del exterior, lo que nos ofrecía la naturaleza y volcarlo al diseño del hotel. Por ejemplo, todas las piedras que están en los muros interiores, estaban en el terreno, obviamente nos preocupamos del tema cromático, por lo que separamos piedra por piedra, para lograr que todas encajaran con el color que queríamos lograr. En cuanto a tonos, el hotel se decantó, tanto en el exterior como el interior, por los grises, morados y anaranjados, propios del Valle de Uco y de nuestra cordillera. Esa fue una de las premisas desde el día cero, queríamos que el edificio fuera un reflejo de la zona y la naturaleza, de una manera bastante contemporánea y brutalista”, asegura Luisa.

Es así como el hotel y las villas siguen una línea en cuanto a diseño, que destaca por los materiales nobles y artesanales. En cada villa nos encontramos con tonos neutros y cálidos, pieseras de alpaca, muros de hormigón, pisos de madera de guayubira, un árbol del norte de Argentina que le da a las villas un aspecto rústico y muy acogedor. Mientras que las alfombras son tejidas y teñidas a mano por artesanos del norte del país. “La idea de nosotros es darle valor a los productos argentinos. En el lobby, por ejemplo, el que aún no está totalmente terminado, hay un precioso entelado que fue tejido por los indios coyas”, afirma Luisa.

Si bien todos estos detalles hacen de este lugar un rincón único dentro de Mendoza, aún falta por ver un espacio que promete ser espectacular y que debería estar terminado a fin de año. Este es el spa del hotel, el que medirá 800 metros cuadrados y será subterráneo. “Hay un concepto muy interesante que pusimos en práctica. Proyectamos dos edificios, uno para el wellness y otro para el fitness. Este último es una estructura que está por encima de los viñedos y mira hacia la montaña, ya que el ejercicio se asocia a una parte expansiva, uno bota energía, sale hacia fuera. Mientras que para wellness quisimos aplicar un concepto de introspección, por eso decidimos hacerlo bajo tierra, queríamos generar una sensación de calma y silencio. Por el hecho de estar metiéndonos en la tierra, elegimos materiales que emularan a los bloques tectónicos de las montañas, por lo que predomina el hormigón en todas sus expresiones. Asimismo, creamos jardines interiores de gran exuberancia, simulando el oasis de Mendoza en medio del desierto”, añade Alejandro. Y The Vines es justamente eso… un oasis.

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