En Torres del Paine: Sin Disfraz

viernes, 2 febrero 2018

Enclavado en uno de los hits turísticos de nuestro país, el Hotel Lago Grey fue recientemente remodelado por el diseñador Roberto Cancino, quien logró que el interiorismo no compita con el impactante paisaje, sino que se integre de una manera elegante y acogedora.

Por: María José Mora D. / Fotos: Cristóbal Valdés

Muchas veces, la gente piensa que decorar un espacio es bastante simple y que solo hace falta buen gusto y creatividad, pero la verdad es que para crear interiores alucinantes también se necesita dedicación, compromiso y mucha paciencia. Características que el arquitecto y diseñador de interiores Roberto Cancino tuvo que poner a prueba en este proyecto que tardó dos años en terminar y que realizó en conjunto con la empresa Hohos, especialista en hotelería. “Nació como una hostería sencilla, pero hace algunos años los dueños –quienes poseen un hotel en Puerto Natales y varias estancias en la región– decidieron hacer una remodelación total al lugar y, en una primera etapa, construyeron 30 habitaciones de lujo que miran al Lago Grey. Luego, quisieron construir otra etapa y optaron por una estructura simple, tipo galpón, para crear el comedor, hall de entrada al hotel y el embarcadero”, explica Cancino. Ubicado en la mitad de un bosque milenario a orillas del Lago Grey, este hotel además tiene un puerto del que salen 2 barcos que recorren el lago y el glaciar, por ende, el flujo de visitantes no se limita solo a los huéspedes, sino también a los pasajeros de las embarcaciones. “Este era un detalle muy importante a la hora de diseñar el hotel, ya que había que crear lugares que fueran acogedores y pudieran afrontar una gran cantidad de público; de hecho, el comedor es flexible y en su máxima capacidad puede atender a 120 personas sin problemas”, asegura el diseñador.

Si bien el galpón tenía mucho potencial, había bastante trabajo que hacer. Roberto comenzó por revestir el techo interior de zinc pintado y poner vigas de madera que separan algunos espacios. Así, poco a poco, se empezó a vestir el lugar. Si bien en la construcción se usó mano de obra local, la mayoría de los muebles y adornos fue traído en camiones desde Santiago. “La construcción se trabajó con maestros de la zona y el resto se fabricó en Santiago y montamos nosotros en el hotel. El objetivo del proyecto era ser súper respetuosos con el lugar y tampoco quería caer en la típica decoración con cuero de oveja, textiles de la región, etcétera. Yo quería algo más contemporáneo, pero que hablara de la región y se identificara con ella. Quería algo atemporal. Creo que lo importante es crear una experiencia para el pasajero, darle continuidad a su experiencia, que se sigan sintiendo adentro del Parque Torres del Paine y no que pase de este a sentirse en Nueva York. Esa no es la idea”, asegura Cancino.

Entrar al Hotel Lago Grey resulta realmente una sorpresa, ya que desde el bosque los visitantes no perciben la existencia del lago. Este se muestra majestuoso al traspasar el hall de entrada y si tienen suerte y está despejado, se pueden ver las torres y el glaciar. Por esta razón la idea de Roberto nunca fue competir con el paisaje, sino más bien, quería generar la sensación de que la naturaleza entra al edificio. Por eso usó algunas lámparas con forma de nube de la reconocida diseñadora francesa Céline Wright y el porcelanato italiano se eligió en base al color de la arena del lago, todo para lograr que el paisaje dialogara con el interior del recinto. La iluminación fue un tema primordial y para obtener un buen resultado, Cancino trabajó con el experto en iluminación Rafael Rivera, quien aportó con numerosas soluciones en esta área. “Todas las luminarias, menos las del hall, fueron diseñadas por mí y Rafael. En el comedor decidimos que algunas luces iluminaran solo hacia abajo, otras hacia el cielo y otras en ambos sentidos. Las distribuimos de manera desordenada, ya que me inspiré en el viento de la zona, el que no sigue un patrón. Se genera así una atmósfera acogedora, la que se acentúa al caer la noche, cuando te das cuenta de que afuera está todo tranquilo y oscuro, mientras que adentro estás iluminado y calentito, lleno de gente, aumentando así el contraste entre interior y exterior, lo que hace entender a los huéspedes que están literalmente al fin del mundo”, asegura el diseñador.

Por último, todo el mobiliario fue diseñado por Cancino especialmente para ese lugar. Aquí nada se dejó al azar y lo que se pudo reciclar, se recicló, dándole nueva vida, como fue el caso de las sillas de comedor, de las que se aprovechó la madera. “A través de este proyecto quise mostrar otro concepto de lujo, porque aquí el lujo es poder estar en este lugar impresionante, rodeado de una naturaleza exuberante. Para el diseño interior utilizamos materiales nobles que le hicieran honor al emplazamiento, aquí no hay egos ni caprichos y todo se creó con profundo respeto. Pienso que hacer interiorismo es crear identidad, ya que el pasajero que viene acá se lleva una imagen de Chile. Muchas veces las personas tienen una idea preconcebida de lo que quieren porque lo vieron en alguna parte y no importa si es nacional o no, pero lo que yo intento es crear cosas que sean propias, por eso en este proyecto en particular le agradezco mucho a los dueños del lugar, ya que me dieron carta blanca para actuar. El resultado fue muy bueno y estoy muy contento con eso”, finaliza Roberto Cancino.

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