Transparencia sonora, un necesario llamado

Lunes, 19 Junio 2017

La instalación que la artista Paz Lira presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes hasta el 20 de agosto busca conectar al espectador, desde los cinco sentidos, con la extinción de las abejas, insectos reconocidos como genios de la ingeniería y creadores de vida.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Gentileza Paz Lira

Paz lira lleva décadas trabajando con residuos orgánicos, luego de que en 1998 casualmente encontrara los que dejaban las salmoneras, específicamente en el seno del Reloncaví. Le llamaron profundamente la atención y comenzó a pensar qué hacer con ellos y qué uso darles. Según cuenta, le interesó el hecho de ver un enorme basural orgánico al cual podría darle vida nuevamente a través de su trabajo y así convertirlo en una obra de arte. “Todo esto me llevó a recopilar material de desecho orgánico, descubriendo que al respetar su proceso natural de descomposición, este iba adquiriendo un vocabulario propio, dando origen a nuevas expresiones y otorgan- do vida a algo que estaba muerto”. El trabajo se materializó mediante una exposición en el 2012, en la Sala Matta del Museo de Bellas Artes.

Hoy, Paz vuelve a exponer en el mismo museo con el tema del declive de las abejas, por la importancia que estas tienen para nuestro planeta. La instalación “Transparencia sonora” consta de 30 módulos traslúcidos que contienen 450 panales de abeja en marcos de madera original. La enorme caja de luz, que mide 11,5 metros de alto por 4,5 metros de ancho, se transforma en un objeto artístico desde el que emana un llamado a darse cuenta de que las abejas están en peligro y que la vida se vuelve vulnerable. El sonido en “Transparencia Sonora” se realiza mediante un dispositivo electro acústico, Luministe Garden, que emite vibraciones aéreas, complementando la estructura espacial y sensorial de la intervención.

–¿Cómo surgió el interés en las abejas?
–Siguiendo con la línea de mi trabajo, decidí enfocarme en lo que sucedía con las abejas para desarrollar una nueva muestra. Ya estaba en agenda pública el tema de la desaparición de estos insectos y cómo eso afecta a nuestro mundo, porque sin las abejas no hay polinización, sin ellas simplemente no existiría nuestro planeta. Esta obra es un llamado de atención para que cuidemos a las abejas que se están muriendo. Decidí que tenía que recopilar panales de distintas edades, antiguos, medianos en edad y nuevos. Fueron cinco años de compilación y de estudios con un apicultor.

–¿Cómo recolectaste los panales?
–Fue un largo trabajo donde recolecté material de la manera más pura, sin intervenir, rescatando y cuidando, todo con el apoyo de un apicultor. Aprendí enormidades, las abejas conforman un mundo maravilloso, complejo y absolutamente eficiente. Ellas tienen una inteligencia tremenda, nacen con una misión, funcionan de manera perfecta… Por ejemplo, crean un antibiótico para cuidar a sus crías. Otra cosa que me llamó la atención es que cada panal tiene una familia por cara, con su propia reina y no se conocen; el panal delantero y el panal trasero funcionan como sociedades independientes. Es tanta información que la recopilación implicó media década de estudios antes de poder concretar esta instalación.

–¿Qué esperas generar en el espectador?
–Que sienta, que se conecte con la obra y con la problemática de la extinción de las abejas y el peligro que esto significa para nuestro planeta. Esta es una instalación que invita a sentir, es espacio sensorial que llama a la reflexión; cada espectador tendrá su lectura, una interpretación particular y muy íntima desde los cinco sentidos.

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