Guillermo Lorca y sus “animales nocturnos”: “No busco hacer algo voyerista”

martes, 25 septiembre 2018

POR PRIMERA VEZ EL GAM HA REALIZADO UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA Y LO HA HECHO CON ESTE ARTISTA FIGURATIVO –DE 34 AÑOS–, CUYO UNIVERSO ESTÁ COMPUESTO POR IMÁGENES QUE POR LO GENERAL NO APELAN A LA REALIDAD Y QUE MÁS BIEN VAN DE LA MANO DE LOS TONOS DE LOS CUENTOS DE HADAS. LA MUESTRA ESTARÁ ABIERTA HASTA EL 21 DE OCTUBRE PRÓXIMO Y EN ESTA ENTREVISTA CONVERSAMOS SOBRE SUS INSPIRACIONES, SU CONEXIÓN INTERIOR Y LA MIRADA QUE TIENE RESPECTO AL ARTE QUE SE EXPRESA EN EL SIGLO XXI.

Por: Francisca Olivares / Fotos: Bárbara San Martín

El título de la reciente exposición de Guillermo Lorca (34) en el GAM, “Animales nocturnos”, no tiene relación directa con la película del mismo nombre que Tom Ford estrenó en 2016, protagonizada por Jake Gyllenhaal y Amy Adams. Lo suyo es otra metáfora, la que va por su inconsciente y los sueños. A eso se suma que sus cuadros –considerados dentro de la pintura figurativa– son creados en la noche, en sus “tiempos nocturnos” como dice. En ellos hay animales de manera evidente –siendo los gatos los únicos más vinculados a la oscuridad– y diversas niñas. Muchas de ellas tienen cabelleras azules y sus rostros todavía siguen la línea de los que se vieron en su exposición de 2014 en el Museo Nacional de Bellas Artes. La vegetación, como parte de una selva amazónica, también está presente, y en una de sus obras aparece su polola –la actriz Javiera Gaete– como si fuera un avatar. “Me interesa trabajar con imágenes, pero nunca intentan apelar a algo real”, acota este artista que cada tanto insiste en que él no puede pintar nada que no le toque la fibra más profunda de su ser.

¿Qué pasa con la presencia frecuente de niñas en sus obras? “No busco hacer algo voyerista”, enfatiza. “Ellas”, continúa, “son un símbolo, por eso no se comunican. Puede haber una vaca que está con cocodrilos y un poco más allá están las niñas, pero no es que los cocodrilos se las vayan a comer, porque es un mundo donde los cocodrilos no comen personas. Son símbolos mágicos, como de cuentos de hadas. Aquí los animales podrían hablar, están personificados o algunos actúan más humanos y otros menos. Son pedacitos del inconsciente jugueteando. Yo juego libremente con los símbolos. No busco dar lecciones morales”.

–A través de estas niñas, ¿buscas mostrar la infancia en cuanto a su fragilidad?

–Para mí no se trata de la niñez. La pintura figurativa es delicada porque está la técnica que se trata de cuán bien se hace lo que alguna vez se hizo bien y el mundo se maravilló. Ahora, si se hace un paralelo con una ópera, es que se puede cantar lo que se ha cantado o a partir de eso cantar algo nuevo. Esto último es lo que me interesa a mí. La pintura figurativa puede caer en el pecado de una ingenuidad de algo simplista en el personaje, porque está ahí solo para ser pintado, pero aquí puede no estar bien pintado y la pintura también tendría una razón de ser. En ese sentido, no me gusta que los cuadros sean evidentes y que se llegue a una conclusión de manera casi unánime.

–¿Te han hecho algún comentario sobre los desnudos de niños que aparecen en tus obras? Vivimos un delicado contexto que ha llevado incluso a que unas ocho mil personas intentaran el año pasado sacar del Met un cuadro de Balthus, “Teresa soñando” (1938) .

–Solo he tenido un par de personas, y más bien en el Instagram. Pero la gente lo entiende bien. Ahora, tengo todos los argumentos por si me dicen algo y estoy dispuesto a pelearla a muerte, porque no tolero la censura. No creo que las luchas sean malas, pero se está metiendo el discurso inquisidor. Puede ser por buenas razones, pero es muy peligroso y no por la opinión política de los que tiendan a censurar más, eso es coyuntural. No me gusta la censura donde se entra a un círculo vicioso muy peligroso y no se produce el efecto deseado, ni siquiera para los que censuran. El exceso de lo políticamente correcto y el conservadurismo hizo que Donald Trump fuera elegido Presidente en Estados Unidos. Las cosas tienen que hablarse. Se puede ser censurador con los discursos de odio, pero otra cosa es ponerse hablar seriamente sobre un tema y de cualquiera, aunque duela. Imagínate todo lo que se tuvo que hablar en Noruega para que la máxima pena sea de 20 años y los presos más peligrosos estén en una cárcel al aire libre y tengan la menor tasa de reincidencia.

“Estoy más valiente y osado”

Cuatro años han transcurrido desde la exposición en el Bellas Artes, visitada por cien mil personas aproximadamente y que se montó en ese museo al mismo tiempo que la del fotógrafo Sergio Larraín. Su actual muestra del GAM es la primera de pintura que se hace en este centro cultural y eso continúa la pauta de lo que puede seguir en su vida.
De la evolución que ha tenido, Guillermo Lorca dice que hay mayor madurez y que sus cuadros están “más parejos”. “Eso lo veo cuando los comparten espontáneamente en Instagram”, dice. Agrega que “la selección está democrática entre los que le gustan a la gente. No hay un solo favorito. Creo que aprendí las lecciones. He explorado por otras partes simbólicas del inconsciente. También pienso que estoy más valiente y osado”.

De su formación, cuenta que aprendió mirando las obras de Diego Velázquez (1599-1660) y pintando sobre esa base en su taller. Ahora dice que está “mirando” a artistas como Joaquín Sorolla (1863-1923). Sin embargo, para crear un cuadro no siempre está viendo sus influencias, como las que también tiene de los pintores prerrafaelistas (mediados del siglo XIX). También está abocado a sus bancos de imágenes, con fotos de referencia y a las que realiza por su cuenta. Libros y películas también están presentes. Luego va ejecutando composiciones para después dibujar y pintar en el computador. Eso lo hace porque no le teme a la tecnología y de esta manera nadie le tenga que posar, con el clásico resultado “tieso”. Después pasa al lienzo, por lo general de grandes dimensiones, y pinta “a la antigua, muy siglo XIX”. Un cuadro lo puede trabajar durante tres años en su taller, razón por la que no llega a hacer más de diez al año y hasta el día antes de su muestra del GAM –curada por Pabla Ugarte y montada por Patricio Fernández– estuvo afinando detalles.

También llama la atención que estuvo tres años en Arte de la Universidad Católica. Esos estudios los dejó porque no se sentía interpretado. “La ideología que había era la herencia de los 90 y la Escena de Avanzada chilena que venía de la dictadura, en la que yo no me podía conectar. Ese espíritu no era el mío. Era ser buen alumno y sacar buenas notas. Me resistí a eso. Las universidades son para aprender y no para sacar un título como máquina”, sostiene.
Tras esa decisión se fue a Noruega, a la casa del pintor figurativo Odd Nerdrum (74), quien es conocido por trabajar con discípulos por largos períodos. En el caso de Lorca, fueron unos seis meses “de encierro”, en pleno invierno nórdico y donde solo había un par más de alumnos y la familia del pintor. Lo que más hizo fue posar, verlo pintar y apreciar su fuerte capacidad expresiva. “Yo no entendía por qué tenía esa fuerza, porque él no es puro talento. Nerdrum te seduce, te toca el alma. Te atrapa…”. Desde esa experiencia, se dio cuenta de que la pintura tenía que fluir: “Él se conecta muy bien con su mundo interno y lo expresa con esos personajes que parecen que estuvieran en Marte, muy influido por Rembrandt”.

Sin embargo, a Lorca no le interesa replicar el mundo de Nerdrum. Hay coincidencia estética, como asume, pero lo que realmente aprendió fue a conectarse con su propio universo, que es distinto aunque tengan referentes parecidos.

–Tu madre, Beatriz García-Huidobro, escribe cuentos para niños. ¿De qué manera eso influyó en ti y en tu pintura?

–Influyó mucho en mi infancia. Nos conectamos en leer libros donde habían imágenes. Los libros siempre dan más. Las películas de niños, por muy buenas que sean, como las de Pixar, resuelven todo y los protagonistas siempre son más inteligentes que uno (ríe) y no hay más que pensar. Cuando te encuentras con los libros se te van metiendo sensaciones… Yo tuve mucho de eso de niño. Quizás por eso nunca tuve mayor censura con las imágenes.

–Además de que tu pintura sea figurativa, ¿cómo describes lo que está pasando con el arte en este siglo?

–Pareciera ecléctica, pero el arte contemporáneo del siglo XXI no es tan cliché como todo blanco y una cosa colgando. Eso es siglo XX, años 90. Ahora por una parte está todo muy barroco y recargado. Los más chicos de mi generación están volviendo a la pintura con fuerza. En Estados Unidos, muchos artistas jóvenes y las galerías emergentes están relacionadas con pintura. Uno podría pensar que con la tecnología no sería así, pero a veces el exceso produce un cierto contrapeso. Ese fue un mundo que estuvo en las sombras mucho tiempo.

–¿Por qué crees que en la actualidad se está expresando por una parte el barroco y la pintura figurativa?

–Porque instintivamente gusta. Creo que lo que hizo degradar la forma, en el buen sentido de la palabra, fue algo que se dio en los 70 y 80. Para los que vivieron esa época representa algo fuerte, pero para los que no, lo pueden estudiar, aunque no les va a llegar. Finalmente lo que te toca es la fibra sentimental y eso es lo que tiene peso. El espectro del arte se abrió, pero ya no lo es tanto. Se puede hacer arte pintando en el cielo, con fuegos artificiales, que ya se hecho… Entonces tendría que ser con una tecnología nueva… pongámosle unos pigmentos… Pero eso no remueve los cimientos filosóficos de qué es el arte y cómo representa al ser humano. Eso fue del siglo XX. Ahora se buscan soluciones sin mayor cuestionamiento y quizás también entre en una decadencia… Yo tomo cosas que podría haber estado en otra época, pero no puedo dejar de ser actual. Y es que mi inconsciente está atravesado por el mundo contemporáneo.

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