URBAN FARMER, RURAL CHIC

lunes, 8 septiembre 2014

Rural Chic

Partiendo por su nombre, este restaurante steakhouse –ubicado en el interior del recientemente renovado Hotel Westin en Cleveland, Ohio– responde perfectamente a esa sensibilidad tan moderna, tan en boga, del “rurbanismo”; es decir, experiencia rural con refinamiento y estética urbana.

Por: Manuel  Santelices.

Cuando Sage Restaurant Group, los operadores del restaurante Urban Farmer, contactaron en 2008 al arquitecto y diseñador neoyorquino David Ashen, de Dash Design, para que creara el espacio del Urban Farmer original en Portland, Oregon le sugirieron que imaginara que los dueños eran una pareja ficticia formada por un agricultor local y su mujer, una galerista de la ciudad. “Desde un principio supimos que el concepto sería ‘rural chic’, un lugar que no fuera sobre-diseñado y que representara el encuentro de esos dos mundos”, explica el arquitecto.

El restaurante fue elegido uno de los mejores steakhouses de Estados Unidos por Trabel & Leissure en 2012 y formó parte de la lista de The Guardian de los 10 mejores lugares para comer en Portland, probablemente la ciudad mas “foodie” de Norteamérica.

Esa misma estética se trasladó a Cleveland, donde el ambiente es similar al de una casa de campo que ha sido remodelada con el aire modernista de mediados del siglo XX.

El arquitecto puso énfasis en lo local, usando materiales orgánicos y reciclados, exhibiendo alimentos, carnes y conservas a la vista como si fueran detalles decorativos, creando ambientes íntimos y cómodos, y colgando una enorme cantidad de arte en los muros, incluyendo piezas de video con imágenes de los campos de Ohio. Gran parte de la madera usada en pisos y muros proviene de viejos graneros del área, lo mismo que algunos objetos de decoración. La atmósfera es cálida y relajada, consistente con la idea de que éste, más allá de un restaurante, es un sitio de encuentro, donde chefs se reúnen periódicamente con agricultores locales para discutir las producciones de cada temporada, la crianza del ganado y asuntos relativos a la filosofía “de la hierta a la mesa” que practica el restaurante.

Es una gran diferencia con el espacio que encontró Ashen el primer día que lo visitó. “El lugar era parte del viejo hotel que existía ahí antes de que se transformara en el Westin, y era básicamente una enorme caja sin ninguna personalidad ni carácter”, explica. “Utilizamos lo que anteriormente fue el bar del lobby y una gran sala de conferencias y lo convertimos en algo completamente distinto”.

Personalidad y carácter es lo que el restaurante tiene de sobra por estos días. El arquitecto, que en el pasado ha sido responsable de restaurantes en el Mandarin Oriental de Shanghai, la renovación de habitaciones y ballrooms en los hoteles W de Nueva York, el diseño del Hotel Lexington en Manhattan y tiendas de chocolates Godiva alrededor del mundo, usó su amplia experiencia para crear la más complicada ilusión: un sitio que parece haber sido armado de a poco, con tiempo, en forma muy personal, y no en una sola renovación total que duró sólo unos meses.

En total, el restaurante posee aproximadamente 600 metros cuadrados y una capacidad de 255 asientos, incluyendo 25 en un exclusivo comedor privado. Está pensado, según ha dicho Peter Karpinski, el fundador de Sage, no necesariamente como un restaurante para los pasajeros del hotel, sino para la comunidad local, “para quienes viven y trabajan en la ciudad”. Sage y Ashen decidieron desde un comienzo que Urban Farmer en Cleveland debía tener elementos similares a su restaurante hermano en Portland, pero también diferencias evidentes. En Cleveland, el restaurante mantiene un estilo que sólo puede ser definido como “mindwestern”, como si fuera un club tradicional que ha sido modernizado, pero que no ha perdido el encanto de su historia y lo vivido. El menú de carnes, verduras y hortalizas locales, producidas orgánicamente, preparadas en forma deliciosamente simple y sin grandes aspavientos, ayuda a este ambiente de “bonhommie”, igual que, obviamente, su lista de 350 botellas de vino. “Nuestra misión fue crear una atmósfera fresca y vibrante, diseñar un restaurante que se convirtiera en una destinación y no se sintiera como parte de un hotel”, dice Ashen. Si ésa era la idea, bien lograda está.

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