VERNER PANTON

jueves, 11 febrero 2016

Una indiferencia intencionada hacia las convenciones y la ruptura ocasional, y a veces radical con la tradición, fueron dos de las premisas básicas de su trabajo, además de la audacia y una cierta tozudez en la persecución de una idea. “No funcionará” era una frase que Panton nunca podía aceptar, pero a cambio si era capaz de aceptar los fracasos.

Kandinsky una vez dijo que “el color es la clave, los ojos son la armonía y el alma es un piano con muchas teclas. El artista es aquel que sabe qué teclas tocar, para así lograr que el alma vibre”. Esta cita resume el legado del danés Verner Panton, quien logró en pleno siglo XX cambiar la forma en que el mundo veía los objetos gracias a su exuberante y sicodélica forma de usar el color. Panton veía un futuro brillante y, claramente, no en blanco y negro. Él fue el precursor de actuales monstruos del diseño como Philippe Starck, Ron Arad y Karim Rashid. Este arquitecto y diseñador industrial estudió en la Real Academia de Bellas Artes de Copenhague y al recibirse trabajó durante un par de años con otro talentoso arquitecto danés, Arne Jacobsen, al que ayudó a crear la famosa Silla Ant.

Tras esa experiencia decidió abrir en 1955 su propio estudio, donde comenzó a construir muebles que desafiaban la fuerza de gravedad y la imaginación. Es Panton quien comienza la “Revolución Pop” en el design de la época: trabaja con plástico, poliuretano, espuma y otros materiales jamás pensados para el rubro. A él le gusta romper la rigidez del hierro y dar “humor a las formas de las cosas”. Influenciado por el estilo del diseño italiano y estadounidense, Panton crea piezas que se parecen más a obras de artes, como por ejemplo la Silla Cone (1958), la que se asemeja a un cucurucho de helado.

Con talento de sobra, a principios de los años 60 decidió comenzar a colaborar con la alemana Vitra. Fue bajo esta unión que nació una de sus más famosas creaciones: la Silla Panton (1960). Como si fuera una “S”, esta fue la primera silla de plástico hecha de una sola pieza. Se trata de un modulo versátil, liviano y muy confortable, que cambia su papel acorde a las necesidades del momento: de silla pasa a ser una mesa y va hasta donde su imaginación pueda alcanzar.

El plástico fue el hijo predilecto de Panton, un material al que otorgó identidad propia, tanto por su facilidad para colorearse, como porque con él lograba satisfacer su deseo de crear productos económicos que estuviesen al alcance de la mayoría de la población. Pero no solo sillas fueron su legado, también creó patrones textiles que usaba para unificar todos los elementos de una habitación –suelo, paredes, techo, muebles, luces, textiles y paneles…– y así convertirlos en una obra de arte total. Los ejemplos más famosos son las instalaciones del barco “Visiona” para la Feria del Mueble de Colonia (1968 y 1970), la sede de la revista Spiegel en Hamburgo (1969) y el restaurante Varna en Aarhus (1970). Gracias a su gran determinación y a su pasión por las formas y el diseño, Panton logró ser uno de los grandes diseñadores del siglo XX.

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