Victor Papanek

viernes, 21 diciembre 2018

CRÍTICO DEL CONSUMISMO, COMPROMETIDO CON LAS MINORÍAS Y UN PROMOTOR DE LA SUSTENTABILIDAD. PARA ESTE AUSTRIACO QUE TUVO QUE DEJAR SU PAÍS EN 1939, EL DISEÑO FUE UNA HERRAMIENTA PRINCIPALMENTE PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA DE QUIENES NACIERON CON MENOS POSIBILIDADES EN ESTE MUNDO.

Por: Francisca Olivares C.Foto: Victor J. Papanek Foundation

Hasta el 10 de marzo de 2019, el Museo Vitra Design, ubicado en Well Am Rhein, Alemania, presentará la primera gran retrospectiva sobre Victor Joseph Papanek (1923-1998), diseñador industrial nacido en Viena, quien fue un adelantado a su tiempo y un pionero en la visión de su disciplina. De hecho, consideraba que el diseño tenía que ser una herramienta social innovadora, altamente creativa e interdisciplinaria, capaz de responder “a las verdaderas necesidades de la humanidad”. En ese contexto, antes que nadie, habló sin ningún tapujo sobre la importancia de la ecología, la sustentabilidad, el reciclaje, la justicia social y la inclusión en su campo. Su crítica al consumismo fue clarísima y está en la base de sus postulados, que por lo demás nacieron, en gran parte, en medio de las ideas de mayo de 1968.

La muestra –llamada “Victor Papanek: The politics of design”– expone el universo de este hombre que debido a su origen judío tuvo que emigrar a Estados Unidos, en 1939, el mismo año en que comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Un destino que tomó junto a su familia, siendo un adolescente, y que lo obligó a dejar una vida europea y acomodada, para cruzar el Atlántico y situarse en el Nuevo Mundo desde otra perspectiva.

Al terminar sus estudios secundarios, Papanek ingresó a la prestigiosa Cooper Union en Nueva York y al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Fue discípulo de Frank Lloyd Wright, seguidor de Richard Buckminster Fuller y con el tiempo se transformó en profesor, realizando clases en lugares como el Ontario College Art, la Universidad de Nueva York (NYU), la Penland School of Crafts de Carolina de Norte y la Universidad de Purdue, en Indiana, entre otras. Finalmente fue decano de la Escuela de Diseño del Instituto de Artes de California (CalArts), tuvo un programa de TV y fue consultor en la Unesco y la OMS.

En 1971 lanzó su primer –y más leído– libro: “Design for the real world” (Diseño para el mundo real). Una obra con la que rompió esquemas, además de generar unas de sus primeras polémicas. En su prefacio están las palabras por las que es casi constantemente recordado y que dan muestra del calibre de sus opiniones: “Hay profesiones que son más dañinas que el diseño industrial, pero muy pocas. Y posiblemente solo haya una profesión que sea más insincera. El diseño publicitario, dedicado a convencer a la gente para que compre cosas que no necesita con dinero que no tiene para impresionar a personas a quienes no les importa”. A continuación de ello, apuntó a su mundo: “Hoy el diseño industrial ha permitido la producción en cadena del asesinato. Al diseñar automóviles criminalmente inseguros, que todo los años matan o mutilan cerca de un millón de personas en todo el mundo, al crear especies totalmente nuevas de basura indestructible que lleva desordenadamente el paisaje y al seleccionar materiales y procedimientos de fabricación que contaminan el aire que respiramos, los diseñadores han pasado a convertirse en una especie peligrosa. Y a los jóvenes se les enseña cuidadosamente la competencia requerida en estas actividades en una era de producción en cadena, cuando todo ha de ser planificado y diseñado, el diseño se ha convertido en la herramienta más poderosa de que se sirve el hombre para configurar sus utensilios y su medio ambiente (y por extensión, la sociedad y a sí mismo). Ello exige al diseñador una elevada responsabilidad moral y social”.

La muestra del Museo Vitra tiene mucho material entregado inéditamente por la Fundación Papanek, de la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Es así como se aprecian dibujos, películas, manuscritos, diapositivas y diseños suyos acompañados por trabajos de algunos de sus contemporáneos, entre los años sesenta y ochenta, como George Nelson y Marshall McLuhan, o la danesa Susanne Koefoed, que fue su discípula y en 1968 diseñó el Símbolo Internacional de Accesibilidad (SIA) y que corresponde al de la silla de ruedas blanca en fondo azul. De las creaciones propias de Papanek –y que algunas desarrolló junto a estudiantes y colaboradores– está “Living Cubes” (1973), que consiste en una línea de muebles ensamblados que pueden ser modificados por los usuarios de acuerdo a sus necesidades; una serie de televisores y radios que diseñó para países africanos, y su “tetradecaedro”, un sistema de entretenimiento móvil de madera, entre otras. Además, Papanek diseñó diversos juegos para niños discapacitados, cuyo foco no estaba en la discapacidad, sino que en la necesidad de jugar y de ser feliz de todo niño.

En 1973 publicó el libro “Nomadic furniture” junto a James Hennesey, para luego continuar con “Nomadic furniture II” (1974), “How things don’t work” (1977), “Design for human scale” (1983) y “The green imperative” (1995). En todos, la importancia del compromiso social del diseñador está presente, sobre todo porque hasta su muerte no cesó en la búsqueda de mejorar el bienestar de la humanidad, y más que nada de aquellos que tienen menos. Ahí veía la innovación, el potencial transformador y la desafiante creatividad.

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