VIÑA VIK: SECRETO DE GUARDA

miércoles, 10 febrero 2016

EMPLAZADA EN LO MÁS PROFUNDO DEL VALLE DE COLCHAGUA, EN EL SECTOR DE MILLAHUE, SE ENCUENTRA ESTE REFUGIO, QUE ENTRE MILENARIOS CERROS ESCONDE UN HOTEL DE LUJO Y UNA BODEGA QUE IMPACTA. AMBAS ESTRUCTURAS UNIDAS POR DOS PASIONES: EL VINO Y EL ARTE.

Por: María José Mora D. / Producción: Carmen Dusaillant H. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

Un descanso para el alma y un disfrute para todos los sentidos, eso se consigue con creces en este lugar donde reina la calma. Acá hay que olvidarse del estrés, la bulla y el apuro. Aquí se vive en pausa, quizás por eso personajes de la talla de Rihanna y Keanu Reeves lo han elegido como refugio.

Propiedad de Alexander y Carrie Vik, este hotel nació de la mano de los viñedos, por eso su historia no se puede separar del vino, protagonista de este relato.

Corría el año 2005 y el empresario y visionario noruego Alexander Vik, rastreaba continentes buscando un terreno que le permitiera embarcarse en su próxima aventura: crear un vino de tan alta calidad que fuera capaz de competir codo a codo con las más antiguas y respetadas viñas del mundo. Fue así como después de un largo camino conoció a Patrick Valette –franco chileno que tiene una basta experiencia en viñedos y quien por años ayudó a sus padres, quienes fueron dueños de Château Pavie, en Burdeos, Francia–, quien lo introdujo en el mundo del vino y quien actualmente es el gerente general y winemaker de Viña Vik. Luego de visitar Argentina, siguieron a Chile, donde después de un año de estudios, se decidieron por este fundo de 4.400 hectáreas. El año 2009 produjeron su primer vino y fue tal el nivel de este que no dudaron en empezar a construir la bodega y el hotel. “No queríamos construir nada sin saber cómo iba a resultar nuestro vino, estábamos dispuestos a no hacer nada si no había calidad. Al ver que había un gran potencial, le explique a Alexander Vik que todas las grandes viñas internacionales tenían una casa donde recibir a sus invitados y fue ahí cuando nació la idea del hotel, el que en un principio partió con 12 habitaciones y luego terminó en 22”, cuenta Patrick Valette.

El hotel fue proyectado por el arquitecto uruguayo Marcelo Daglio junto a los Vik, quienes plantearon la distribución. Ellos querían que el hotel tuviera dos alas y que se enfrentara directamente hacia el valle, mirando el tranque. Fue así como Daglio siguió sus instrucciones y dejó volar su imaginación en el techo del lugar. “En un principio se pensó hacer recubierto de cobre. Estuvimos dos años haciendo estudios de material junto a ingenieros y junto a la artista María Paz Lira; el problema es que vimos que no era posible hacerlo, por lo que Alexander propuso revestir el techo en titanio, lo que funcionó a la perfección”, comenta Valette. Es así como esta cubierta parece una escultura, la que se inspiró en los cerros del lugar, además el sol juega un rol principal, ya que la estructura cambia de tono a diversas horas; a mediodía se ve completamente dorada, luego pasa a ocre y finaliza en un negro azulado que se funde con la noche.

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ARTE SIN FRONTERAS

El interior del Hotel Vik es igual o más de impactante que su fachada. Subir las escaleras que depositan al huésped frente a un enorme living, ya sorprende. Todo fue elegido minuciosamente por Carrie Vik para cada espacio y en estas elecciones se puede ver el cariño y la personalidad fresca y divertida del matrimonio Vik. Un enorme lienzo del artista alemán Anselm Kiefer, especialmente diseñado para este espacio, demuestra la pasión por el arte que se vive en cada rincón, además de que poder admirar una obra de este neoexpresionista, ya es un placer en sí mismo. Si bien el living es un solo gran espacio, este posee cuatro pequeños salones que entregan mayor intimidad. En estos podemos encontrar más arte, como un precioso cuadro de Roberto Matta, una mesa de Ben Caldwell, un sofá multicolor del diseñador holandés Marcel Wanders y también encontramos obras diseñadas por Carrie Vik, entre otros.

“La idea de los Vik era mezclar a autores consagrados, pero también darle oportunidad a artistas menos reconocidos. Los Vik aman el buen arte, sin importar si es famoso o no y esa diferencia lo hace muy interesante, ya que los huéspedes pueden conocer a nuevos artistas, y también codearse con grandes nombres”, asegura Patrick. Es así como otra de las sorpresas que nos muestra este refugio es que cada habitación es completamente diferente a cualquier otra. Hay una hecha completamente de azulejos, mientras que otra hace referencia a Hermès; otra se llama Fornasetti, en honor al diseñador italiano; otra fue encargada al pintor realista chileno Álvaro Gabler y, así, cada una posee su propio estilo y personalidad. Finalmente –y no por eso menos impactante– esta la piscina sinfín hecha en granito negro que incita a lanzarse en ella, para disfrutar de una de las vistas más alucinantes del hotel.

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UNA JOYA DE BODEGA

A unos pocos kilómetros del hotel se encuentra el corazón de Viña Vik, una bodega que se esconde en el suelo y que tímidamente muestra su esplendor al irse, poco a poco adentrando en ella. Llegar luego de dos horas y media de viaje a este oasis es algo realmente mágico. Proyectada por el afamado arquitecto chileno Smiljan Radic, esta nos muestra un espectáculo donde una explanada hecha con cemento ondulado y enormes piedras parecen esculturas desperdigadas por todo el lugar, bañadas por una corriente continua de agua que, además de generar un entorno calmo, sirve para enfriar las bodegas que se encuentran debajo de esa zona y que de paso nos recuerdan a los ríos que recorren nuestra geografía. La idea era que la arquitectura ayudará a crear una bodega sustentable y que ahorrara la máxima energía posible. “Queríamos trabajar con la luz y la necesidad de renovar el aire todas las noches, ya que es ahí cuando baja la temperatura y se pueden enfriar naturalmente los ambientes. Esto permite mantener los aromas del vino sin polución, ya que cuando un vino está demasiado encerrado, se contamina de su propio aroma”, enfatiza Valette.

En este lugar se realiza todo el proceso para que se cree un vino de excelencia, el que se hace en base a una columna vertebral de Cabernet Sauvignon al que se le agregan diversos porcentajes de Carménère, Merlot, Syrah y Cabernet Franc, mezcla que da el fabuloso y ya premiado vino Vik, que se puede catar en la preciosa sala de degustación, donde también es posible observar todo el proceso de producción y, por qué no, comprar alguna botella para disfrutarla en familia.

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