VOLUSPA JARPA

Domingo, 10 Julio 2016

“UN ARTISTA NO SE PUEDE QUEDAR CON EL FEEDBACK DE LA ELITE LOCAL”

Desde el 15 de julio hasta el 3 de octubre se presentará en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires –Malba– la muestra “En nuestra pequeña región de por acá”. Esta es la primera vez que un artista chileno expone de manera individual en este importante museo, por lo que es un honor para el arte chileno y también para Voluspa Jarpa quien, a través de esta exhibición, muestra mentiras que, a veces parecen verdad, y viceversa.

Por: María José Mora D. / Fotos: Bárbara San Martín S.

La negación, las historias ocultas, el dolor, las voces silenciadas y sobre todo, dar luz a un pasado que muchos desearían tachar –tal y como está tachada nuestra historia reciente en los archivos de la CIA, material primordial para el trabajo de los últimos 14 años de esta artista–, es lo que la muestra “En nuestra pequeña región de por acá” desea dar a conocer. Esta es una exhibición donde la historia y el lenguaje estético se unen, logrando que, muchas veces, abramos los ojos asombrados al descubrir que hay muchas cosas que desconocemos.

Talento le sobra a esta artista visual de la Universidad de Chile que ha sido galardonada con premios tan importantes como el del Círculo de Críticos de Arte de Chile, categoría artes visuales (2008), e Illy Sustain Art (2012), entre otros.

Durante los últimos 15 años, Voluspa y su hermana se han dedicado a investigar en profundidad los archivos que la CIA desclasificó en 1999, y que dieron paso a esta especie de obsesión artística, ya que durante estos años la mayoría de la obra de Jarpa ha estado estrechamente ligada a esta temática. Quizás el hecho de que esta artista se haya interesado tanto en una historia tan fuerte y densa, es porque su sensibilidad está ligada al dolor. “El sufrimiento sirve para crear conciencia, no es para sufrir porque sí. Yo creo que las cosas que hago, las que se conectan con el dolor, responden a mi sensibilidad. Yo le exijo al sufrimiento… Quiero que sirva para entender y generar una conciencia social. Creo que de eso se trata el arte, que no es más que la capacidad de hacerle ver a la sociedad cosas que le son difíciles”, cuenta Jarpa y agrega: “A los 11 años vi en una enciclopedia ‘El Saturno’ de Goya y fue como si me pegaran un puñete en la cara. Fue tanto que tuve que cerrar el libro, porque no lo resistí. Y claro, porque es la imagen de la violencia, pero la capacidad de Goya de inventar la violencia me encandiló, yo la padecí a través de esa imagen. No le tengo miedo a lo feo ni a lo violento, porque entiendo la experiencia estética que hay ahí, la he vivido muchas veces y por eso hago lo que hago”, explica Voluspa.

–Tu arte es muy político y gira hace años en torno a los documentos desclasificados de la CIA. ¿Qué te provocó verlos por primera vez?

–Un shock, ya que tenía una expectativa y de repente me encuentro con las tachas, textos enteros borrados…Y fue muy chocante, pero esto se transformó al mismo tiempo en una experiencia estética. No lees nada, pero ves mucho…

–¿Cómo logras que un trabajo basado en una historia tan densa y dolorosa, tenga un giro y logre un lenguaje estético?

–Yo creo que ese es mi problema, pienso que soy artista precisamente por la pregunta que me estás haciendo. Yo tengo dos lados muy distintos; por una parte soy muy analítica, racional y matea. Tengo una estructura de pensamiento muy rápida y, por otro, tengo una sensibilidad que me aniquila y para solucionar esto creo que me hice artista, era la única forma de hacer un cruce sano entre estos dos mundos. Desde chica tuve un exceso de empatía, pero al mismo tiempo no me gusta que el sufrimiento quede en la catarsis, me gusta que sea elaborado, que sirva para algo. Creo que eso va muy ligado a nuestra feminidad, porque la mujer no le tiene miedo al dolor. El aprendizaje y el conocimiento están íntimamente ligados al sufrimiento.

–¿En qué se centra tu exposición en el Malba?

–Voy a mostrar una síntesis de mi lectura de archivos desclasificados de los organismos de inteligencia estadounidenses sobre 14 países latinoamericanos. Hace un tiempo vengo haciendo una crítica al minimalismo en torno a los archivos de la CIA. Para lograrlo decidí apropiarme de tres piezas de Donald Judd, el padre del minimalismo. En el caso de la entrada del museo, vemos las típicas barras de metal de Judd, las que abrimos y, de ellas, salen acrílicos con los archivos. También hay otras obras de Judd que intervenimos, como las cajas de metal donde los archivos se enredan y salen disparados en distintas direcciones. Luego se despliegan 47 retratos, en bronce, de líderes latinoamericanos, esa obra se titula “Mi carne es bronce para la historia”. Son 47 muertes donde los procesos no se han cerrado. Estos mismos personajes aparecen en otra instalación donde se encuentran los cubos de Judd, los que en su parte trasera tienen una frase de Orwell que dice: “Todo se desvanece en la niebla, el pasado está tachado y la tachadura olvidada. Todo se convierte en verdad y vuelve a convertirse en mentira”, tiene que ver con la manipulación de la información. El último elemento del proyecto es un video con la obra Translation Lessons (2012-2016), una reflexión sobre el inglés como idioma hegemónico. En él, Nicolás Poblete escritor bilingüe me enseña el idioma a través de la lectura de los archivos de la CIA.

–¿Por qué elegiste a Donald Judd para ser parte de tu obra?

–Es más bien por un tema histórico. El minimalismo aparece, más o menos, en el período más álgido de los conflictos políticos en Latinoamérica. Además, este movimiento artístico tiene una frase famosa que dice “Lo que ves es lo que es”, que se refiere a la abstracción pura, donde el artista no tiene discurso más que el de la propia obra y su materialidad. Es una posición acerca del rol del arte en la sociedad y ese es el choque. Además, el minimalismo es una vanguardia norteamericana que nace ahí, que tiene una cosa súper doctrinaria en cierto sentido, y es contemporánea a estos hechos, por eso hice ese cruce.

–¿Es necesario para un artista joven salir al extranjero?

–Absolutamente. No digo que tengan que irse de Chile, pero sí salir a exponer fuera. El trabajo de un artista tiene que ver con producir un diálogo cultural, tú haces una obra y lo que precipita esa obra son los comentarios, la opinión de un público especializado. Como artista entras a formar parte de una discusión en torno al arte contemporáneo, que es tu área de acción y eso no se puede hacer de manera aislada. Puedes vivir donde quieras, pero es necesario conectarse con el campo profesional y también es bueno tener períodos más aislado. En mi caso, me gusta viajar, ver lo que está pasando en el resto del mundo y luego volver a refugiarme aquí, un lugar donde no pasa mucho, pero que me permite trabajar en mis ideas sin tantas distracciones. La cultura es un espacio de discusión, de diálogo y de intercambio. Simbólico, comercial, intelectual eso es lo que los artistas hacemos; creamos discurso, obra, formas, estética, contenido. Y necesitas saber que opinan los otros, necesitas ese feedback.

–Pero alguno podría querer quedarse solo con un feedback local.

–Es una buena apreciación, pero para hacer eso yo tendría que pensar que la cultura de acá es tan potente y sólida que solo me interesa el feedback de aquí. Porque si la opinión local no está conectada con la contemporaneidad, no sirve de nada. Creo que hay muchos campos, sobre todo en las artes visuales donde hay esa incomodidad, esa cosa media provinciana de querer validarnos a nosotros mismos, como si desconfiáramos del mundo. Baja autoestima, ignorancia finalmente. Hay varios ejemplos claros de eso en nuestra historia, por ejemplo si ves qué compraron para el Museo de Bellas Artes los millonarios de la época cuando este se formó, tienes una buena respuesta. Ellos compraron obras que hoy no tienen mucho valor, por lo que tenemos un museo muy débil desde su origen. En resumen, estoy demostrando lo débil que es la opinión local, mientras que los argentinos y brasileros en la misma época van y compran Picasso, Monet, Modigliani, etcétera. Y por lo tanto hoy tienen instituciones que tienen un valor a nivel mundial. Cuando Chile fortalezca y genere una opinión cultural fuerte y sólida podemos empezar a discutir, pero hoy creo que un artista no se puede quedar solo con el feedback de la elite local.

–¿Qué opinión tienes de los artistas jóvenes?

–Llevo 22 años haciendo clases y actualmente estoy en la Universidad Católica, por esa experiencia estoy en contacto con los artistas jóvenes. Chile está en un momento muy curioso de las artes visuales, porque necesita un crecimiento y una profesionalización. Hay un problema en cómo concebimos lo que implica ser un artista en Chile. Si lo piensas como un ser un muerto de hambre, que va a tener que vivir de la docencia, o tendrá que trabajar en otra cosa para poder sobrevivir, o que si tiene relaciones comerciales con galerías va a ser maltratado, si lo hace con coleccionistas va a ser desde la miseria y la indigencia, y suma y sigue. Si el propio artista se concibe así denigra el campo profesional y yo no estoy de acuerdo con eso. Me he ganado muchos enemigos por eso. Creo que ser artista es algo extremadamente importante para una sociedad, los artistas le damos identidad, voz, contexto, imágenes. Lo que un artista bueno entrega a la sociedad es algo que ninguna otra profesión puede hacer. Qué sería de España sin Goya, Picasso o Velázquez ¡nada! Esa imagen del artista en un taller que se cae a pedazos, bordeando la miseria… la encuentro despreciable. En la historia el único momento donde existió efectivamente esa idea de miseria asociada al arte fue en el Romanticismo, cuando el artista y la sociedad se pelearon. Antes, en el Renacimiento, durante el Barroco, etcétera, el artista siempre tuvo que lidiar con los poderosos, era un empresario. Picasso fue millonario tempranamente, por ejemplo. Para esta exposición en el Malba yo tengo un equipo de 17 personas que colaboran conmigo. Cuando eres joven muestras tu talento, cuando eres adulto joven ves la capacidad de trabajo y en el arte adulto ves la capacidad de gestión, de pensamiento, discurso, perseverancia, ya no es solo el talento, tienes que ser capaz de sostener tu vida y tu obra. En mi caso hago unas 14 obras al año, si no tuviera ese ritmo no me funcionaría, yo tengo un equipo, una empresa, pago impuestos.

–¿Es más complejo ser mujer y madre en el mundo del arte?

–Hace unos meses hablaba de lo mismo con mi galerista francés, pero le comentaba lo contrario. Al final le decía que tenía un problema futuro que tiene que ver con esta pregunta. Mi galería francesa tiene más artistas mujeres que hombres y la mayoría de ellas no tiene hijos. Creo que son solo algunas mujeres las que realmente no quieren tener hijos, pero para la mayoría no tenerlos se transforma en una amargura y en una inestabilidad emocional que puede generar un problema. Ahora pensando en si es más difícil ser artista mujer que hombre, yo creo que sí hay machismo… Para demostrar que podemos, las mujeres tenemos que esforzarnos el doble. A veces soy sujeto y a veces mujer, a veces pienso de manera neutral, y otras desde el género.

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