En Zapallar: Abierta al mar

viernes, 13 enero 2017

En piedra y hormigón, está imponente casa destaca por su arquitectura y decoración, las que comunican de tal forma que logran una fluida espacialidad y recorridos que asombran.

Por: Catalina Plaza / Fotos: Jorge Bustos P.

Proyectada por el arquitecto Guido Aubert, esta casa de playa tiene una historia muy especial: su dueño llamó en 2010 a un concurso en el que participaron cuatro oficinas de arquitectura antes de decidirse por el proyecto final. Tenía muy claro que quería una casa muy diferente a la que tiene en Santiago, de estilo más bien tradicional, de ladrillo y cubierta de tejas. Además, buscaba que pudiera acoger de igual manera un número reducido de personas o a un número importante de invitados, que se lograra la mayor cantidad de recintos con vista al mar y que fuera soleada para evitar la humedad propia de las casas que permanecen cerradas por largo tiempo. Aubert se quedó con el primer lugar y comenzó así a dar vida a este proyecto que concluyó el 2015. Emplazada en un paisaje privilegiado, muy cerca de la playa de Zapallar, el arquitecto buscó en primer lugar “arquitecturizar” el paisaje “sumándome a él de la manera más respetuosa posible, a través del uso de materiales apropiados y en especial al concebir la cubierta como una quinta fachada que se debe trabajar para que se incorpore a su entorno, más aún si es lo primero que se ve al llegar desde la carretera al terreno”, comenta.

El principal desafío que debió a enfrentar Aubert fue lograr que una casa de gran metraje se articulara de tal manera que nunca se tuviera la sensación de no pertenecer a un total. El terreno y su pendiente definieron el partido general de esta casa de 650 m2. Según explica Aubert, “la gran pendiente hacía imposible desarrollar un programa tan extenso, a un costo razonable, por lo que era necesario lograr plata-formas contenidas por sendos muros de contención, donde desarrollar el programa solicitado. Así surge una ‘casa patio’ posada sobre dos grandes mesetas que albergan –en uno y dos pisos– los distintos recintos de la vivienda que miran al Pacífico”. Respecto a los materiales elegidos para la construcción, el uso de la piedra y el hormigón responden a diferentes criterios. “La idea era evidenciar, por medio del uso de la piedra en contrapunto con el hormigón, las distintas zonas programáticas. Es una forma más sutil de ‘leer’ la casa”, dice el arquitecto. Teniendo esto en cuenta, en la primera plataforma, ubicada al oriente y materializada en hormigón y piedra, se encuentra la zona de llegada, garaje, acceso principal y dependencias de servicio en el segundo piso. La segunda, ubicada al poniente y materializada en hormigón, reparte, en dos pisos, las zonas familiares de la casa. En nivel acceso se encuentran el dormitorio principal y los de las visitas, y al otro lado de la casa, el living, comedor, terraza más quincho y una escalera que conduce al primer nivel donde se ubican los espacios públicos de mayor tamaño de la casa, entre los que se cuentan un estar familiar y un spa. “Asociados a este primer nivel, se proyectaron tres patios de distintas categorías, uno central que relaciona, en doble altura, la totalidad de los recintos, transformándose en el centro ordenador de la casa. También hay un segundo patio de arena ubicado al norponiente y que, en un nivel inferior, se relaciona directamente con la zona de dormitorios, imprimiéndole un sentido más privado, más sereno. Al costado sur poniente y conectado con el anterior, se ubica el tercer patio, también en un desnivel respecto a los recintos más públicos que lo definen y con características totalmente opuestas. En este se ubican los recintos más públicos de la casa, la piscina, un segundo quincho y una terraza deck. Los dos últimos patios se encuentran un par de metros por sobre el paseo público que define el des-linde poniente del terreno, altura suficiente para hacer de estos patios, espacios absolutamente privados y con una vista privilegiada al mar”, explica Aubert. Son justamente las vistas, sumadas a la arquitectura y a la decoración, las que convierten a esta casa en un lugar donde cada espacio es único. Cada espacio invita a pasar un buen momento y cada uno de los muebles y objetos escogidos para decorarla están muy bien elegidos. En un comienzo, los dueños encargaron la iluminación a Oriana Ponzini y luego de un tiempo, Carolina Almarza, diseñadora de interiores e iluminadora, complementó el proyecto previo, imprimiéndole un nuevo sello. Lo mismo hizo en cuanto a la decoración, incorporan-do elementos que le han entregado mucha originalidad a los espacios, como por ejemplo, a través de los collares de plata que mandó a enmarcar y que otorgan una diferencia en el comedor, o mediante unos troncos encontrados en un río del sur, los que iluminó y que hoy llenan una pared a modo de escultura. Así, en cada rincón se suman muebles clásicos y contemporáneos que conviven con armonía. Una casa que se recorre con asombro y que invita a disfrutar de un paisaje único.

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